Doisneau: sobre besos, miradas amables y París

En el texto que presenta la exposición, se ofrece un dato de bienvenida al visitante: se dice que el autor poseía 450.000 negativos. Y yo pregunto, en estos tiempos de locura digital, de dedo rápido y disparo feroz, ¿ quién no acumula tal cantidad de imágenes en forma de unos y ceros?

Claro, no es lo mismo, obviamente. Volvamos a empezar.

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@ Fundación Canal

En el texto que saluda al visitante, se dice que el autor poseía 450.000 negativos. Empecemos a matizar. El quién: Robert Doisneau (Gentilly, 1912-París, 1994), fotógrafo referente, protagonista de una exhibición que, hasta el 8 de enero, puede contemplarse, admirarse y disfrutarse en la sala de la Fundación Canal, a la sombra de Puerta Europa. Y a fe que la muestra merece un vistazo, dos y hasta tres: pura delicia cotidiana condensada en apenas 110 fotos de esos miles y miles que componen su portfolio. Si todas o buena parte son así también, ¿por qué no están allí también?

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La novia en chez Gégène, 1946. © Atelier Robert Doisneau, 2016

La belleza de lo cotidiano‘ es un canto optimista. Se trata del documento de un alma curiosa que, cámara en mano, bien pudiera parecer que estaba sin estar allí. En las calles de París construye un París más allá del cartón piedra de sus monumentales rincones. Aquí, su París es el de niños jugando en la calle, el de señores que van y que vienen, de policías que recorren en bicicleta lluviosas avenidas o de comercios, industrias o postales que palpitan de ‘momentum’ y, como se dice hoy en día, de ‘buen rollo’. Me da la impresión de que, en parte por lo que ofrecen estas fotos, París tiene el halo que tiene. Notable éxito habida cuenta de que muchas de esas estampas llegan en plena posguerra.

 “Mi foto es la del mundo tal y como deseo que sea”. “Lo que estaba tratando de mostrar era un mundo en el que me hubiera sentido bien, donde la gente era amable, donde encontré la ternura que yo esperaba recibir. Mis fotos eran como una prueba de que este mundo podía existir”

Y aun en esa aparente espontaneidad, Doisneau ‘cuela’ retratos que cuesta creer que ocurrieran sin horas y horas de estudio previo. Picasso haciendo el ganso con dos panes en una imagen icónica; Mademoiselle Anita luciendo escote en un café; un hombre recreándose en la cama mientras fuma ante la visión de fotos de chicas ligeras de ropa; o la mirada de esa dependienta entre la curiosidad, la viveza y la “amabilidad” que da título a la imagen.

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Criaturas de ensueño, Paris 1952. © Atelier Robert Doisneau, 2016

El mérito es hilar todas estas imágenes y darles un sentido que trasciende el tiempo. En esta exposición cobra más importancia que nunca el nombre de la foto y, sobre todo, la fecha en la que fueron tomadas. En muchos casos hay décadas de diferencia (hasta 45 años entre unas y otras) que apenas resultan perceptibles. Definitivamente no, este París que vemos no es al que da sombra la Torre Eiffel. La carencia de guión y el uso continuado del blanco y negro puede entenderse como un discurso en sí mismo y como tal queda reflejado en las salas del Canal.

“Existe esa cosa misteriosa que se cuela por azar y a la que yo llamo el encanto. Esa especie de aroma surge mucho tiempo después. Hay imágenes que envejecen bien y que envejecerán cada vez mejor. Ésas son las buenas fotos”

En contraposición con todo lo anterior también se expone una serie llamada ‘Palm Springs‘ en la que hay que pellizcarse para creer que es el mismo fotógrafo el que está detrás. Primero por lo evidente: en esas imágenes brilla un color cegador, saturado, lleno del sol de Colorado. Y luego, por el tema, que dista diametralmente de la modestia de sus modelos parisinos: aquí la gente ofrece gestos, costumbres y miradas de soberbia opulencia.

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Piscina , 1960. © Atelier Robert Doisneau, 2016

 

La obra de Doisneau es un catálogo de momentos, de anécdotas, de escenas y de gestos. De pequeñas historias. Como la de su más famosa imagen, la de ‘El beso de l’Hôtel de ville‘, que muestra a una pareja besándose entre el bullicio próximo al ayuntamiento parisino.

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El beso frente al Hôtel de ville, 1950 © Atelier Robert Doisneau, 2016

Cuenta la nota de prensa que, cuando en 1988, una publicación la recuperó y se preguntó quiénes serían los protagonistas, el fotógrafo recibió tal cantidad de demandas de presuntos retratados en pos de derechos de autor, que la situación hizo mella en su salud. Finalmente pudo demostrar con un resguardo de la época (hablamos de 1950) que los amantes eran en realidad una pareja de actores contratados ex profeso. Pero en realidad, podía haber algo de razón en los que reclamaban su presencia en la foto. Al fin y al cabo este beso, como tantas y tantas historias en esos 450.000 negativos, no era más que algo cotidiano:

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