Paco Gómez: la fotografía tiene estas cosas

La fotografía para mí tiene estas cosas: ir de vez en cuando a una exposición de las muchas y muy buenas que pasan por Madrid sin esperar mucho, solo por el placer de confrontar la mirada con las que tal vez recojan los retratos expuestos, si de rostros va la cosa, claro. Y suele pasar que sientes el flechazo, como en otros ámbitos de la vida, ante imágenes que pareciera que estuvieron siempre ahí colgadas esperando a que llegaras. Imágenes que, de un modo u otro, te hacen tener la seguridad de que tu estilo, si de verdad tal pretenciosa cualidad me encaja, es el mismo que tienes ante los ojos. En una de las paredes, una declaración de intenciones:

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Es la obra de Francisco Gómez (Pamplona, 1918-Madrid, 1998) pero es la obra de quien esto suscribe: no sé quién sería yo de ser algo más que un plumilla pero si me he sentido identificado con una manera de hacer fotografías a lo largo de mi vida, esa ha sido ante los cuadros de Gómez, tal cual los vi una mañana de julio en la sala Canal de Madrid.

Ahora viene lo difícil, que es explicar el porqué. Puede que por la versatilidad, por el afán documental. Este concepto les reconozco que a veces se ha usado como expresión hecha, vacía y pedante. En este caso no es tanto así, porque circunscribe esa tendencia al ámbito de la arquitectura, si bien coquetea durante toda su trayectoria con trabajos experimentales en cuanto a técnica y geometría visual. Pero su paso de 15 años (1959-1974) por la revista ‘Arquitectura‘, editada por el Colegio de Arquitectos de Madrid, le sitúa como un referente en este campo en una época en la que la capital comenzó a expandirse y a levantar algunos de sus edificios más singulares.

Su trabajo, por tanto, sirvió para plasmar un mapa del urbanismo de la época, con atención a los detalles, a las líneas y a las texturas que en ocasiones fueron algo así como planos alternativos de los nuevos edificios.

 

Aunque, justo es decirlo, se trata más de una manera de documentar (he aquí nuevamente el ‘concepto’) cómo la ciudad extiende sus tentáculos ofreciendo nuevos escenarios en los que la presencia humana, anónima en sus imágenes de esta temática, evocan una cierta desnaturalización y hasta un matiz angustioso. Vemos, por ejemplo, siluetas recortadas en la bruma mientras un tranvía le adelanta, en un terreno aún por conquistar para el asfalto, por mucho que el horizonte sea lo que hoy damos en llamar ‘skyline‘.

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Ofrecen sus fotos ese tipo de sentimiento. Personas que pululan, que parecen uniformes en el potente contraste de las fotos, muchas de las cuales se adivinan con un sol de bandera. Partidos de fútbol en las calles aún vírgenes de coches, paseos de padres con niños, sacerdotes o imágenes en las que los nuevos barrios parecen engullir al sujeto, al fotógrafo y al espectador, dando un contexto tan potente como, si nos lo permiten, deprimente, por mucho que algunas de sus imágenes tuvieran, o al menos fueran contextualizadas en publicaciones, con notables dosis de humor. Sí, definitivamente si hubiera sido fotógrafo, me hubiera gustado hacer algo así.

 

Luego hay otra parte de su creación más próxima que coloca frente al objetivo a personas ya sí con rostros reconocibles. Bien a través de retratos con un enfoque (literalmente) más clásico, esto es: la cara del sujeto ante la cámara. Pero también en un entorno más suave, en un contexto más amable y que sirve, como en el caso de los edificios, para inmortalizar los cuadros costumbristas de vacaciones, días de trabajo, fiestas o, simplemente, la la rutina de siempre.

 

Pero también hay viajes, hay una parte de fotografía que busca la abstracción. De una manera peculiar, ciertamente, ya que usa detalles arquitectónicos para lanzar mensajes con un lenguaje propio y que, que me aspen si miento, creí haber entendido cuando tenía delante las copias. Al final, toda manifestación artística consiste en eso: en sentarse y escuchar con todos los sentidos. La fotografía, por supuesto, también tiene estas cosas.

 

Si, por aquello de lo avanzado de la fecha, no alcanzan a visitar la exposición actual en Madrid (hasta el 24 de julio), no se preocupen. No es lo mismo que ver las fotos en papel pero lo cierto es que todo -o casi todo- el catálogo de Paco Gómez se halla en la web de la Fundación Foto Colectania. Sus herederos donaron a la misma todo su archivo y a fe que como exposición permanente es una absoluta gozada.

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