“Meeple” se pronuncia “mípel”

Conocer el nombre de los muñequitos de colores que pululan por el mapa del Carcasonne y hacen suyas las ciudades, los caminos y los monasterios, e incluso que se tumban plácidamente en las praderas, bien puede formar parte de la primera clase de ‘juegología aplicada’. Como cuando el primer día en el que estudias un idioma aprendes a saludar y tal vez los números. Algo así.

Mucho tiempo después de abrir esta maravillosa puerta lúdica a un amigo, esta semana he tenido la ocasión de iniciar a otro en este absorbente mundo de los juegos de mesa. A poco que haya interés, es evidente que la cosa fluye por mucho que, de primeras, dar el salto a nuevas mecánicas y nuevas formas de pensar pueda dar un cierto vértigo. Pero nada más lejos: los títulos clásicos siguen funcionando, los más recientes se prestan a nuevos adeptos y, pese al tiempo, “meeple” se sigue pronunciando “mípel“. Este fue el menú de lo que fue una nueva edición del ‘taller lúdico patuno nivel 1’:

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Carcassonne, una ciudad aún por construirse (aunque haya gente tumbada)
  • Carcassonne: empezamos fuerte, ¿verdad? Es una apuesta segura que rara vez va a decepcionar a quien se acerque por primera vez a algo distinto del Monopoly o el Risk. Un juego que se aproxima a las dos décadas de vida en plena forma, con expansiones por doquier que sin duda van encaminadas a que los más jugones le sigan sacando jugo. Bueno, tal vez de vez en cuando hay que volver a ese mapa de losetas como el que regresa en Navidad a su hogar pero su papel en las ludotecas que muchos empezamos a manejar en la actualidad es el de juego de introducción. En eso, sigue siendo casi insuperable. Y en este caso lo demostró una vez más. Funciona bien y se capta rápido su dinámica aunque es cierto que en la primera partida el alumno aún tenía un poco difusas las estrategias. De ahí que no le concediera una segunda partida… por el momento. Trucos de maestro.
  • Fantasma Blitz: cambio de tercio. Es un archiconocido juego infantil -no sería el único de la noche- que, no obstante, es de una sencillez abrumadora y que gana desde el mismo momento en el que se abre la caja. El sistema de juego hace que lo de menos sea quién gana: equivocarse y comprobar cómo los años pesan en la agilidad mental y visual es una experiencia a medio camino entre el placer y lo depresivo. Menos mal que el fantasma siempre nos acaba animando.

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    Fantasma Blitz, con su amigo ratón y su pícara sonrisa
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    Héroe en plena faena

    Super Rhino: el personaje más carismático de la ciudad volvió a calzarse el antifaz y la capa para escalar los rascacielos que crecieron desde la mesa de juego hasta la lámpara del techo. Soberanos sopapos los que se dio el animalico en su ascensión hacia la cima. Ideal para grabar a cámara lenta e inmortalizar el momento. Y por supuesto, de reírse mientras casi, sin que uno se dé cuenta, se encuentre jugando a algo distinto al Monopoly. Sí, hay mucha vida más allá de esos nombres en los que todos pensamos y Super Rhino es un éxito siempre.

  • Patchwork: mi primera partida con gente real 😛 -había probado una interesante versión en solitario- confirmó la esperanza de estar ante un juego emocionante, tenso y en el que hay que ir con pies de plomo para optimizar al máximo el tiempo disponible. Para este alumno, la experiencia fue muy buena igualmente. El juego engancha y su variedad de mecánicas es un aliciente: desde el cálculo, en lo referente a los botones y el ritmo, hasta la necesidad de aplicar unas ciertas dotes de capacidad espacial. Es un título fácil de jugar pero no sencillo, con mucha chicha, que se dice.

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    Tejer: algo que, sin un juego de por medio, quizá no nos hubiéramos planteado.
  • Pocket Invaders: me gustan los abstractos y ciertamente este es uno de los más
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    La nave nodriza inferior, en un movimiento cagón, se esconde.

    sencillos que uno se pueda echar a la cara hoy en día. Como los mejores en esta categoría, tiene unas reglas mínimas, fáciles y directas. Las dos partidas que jugamos aquí fueron tensas, emocionantes e igualadas hasta el final. El dominio fue yendo de un lado a otro durante una media hora aproximadamente de batalla. Ganó mi imperio galáctico pero en una partida tan larga (la media del juego es sensiblemente inferior) hubo alguna que otra dosis de confusión, de perder de vista jugadas evidentes y de no darse cuenta de cuándo una nave atacaba a un lado determinado. Son fallos básicos que, no obstante, no empañaron una excelente prueba.

  • Jaipur: personalmente y aunque seguro que en esto agacho la cabeza y tiro p’lante para evitar miradas incómodas de otros excelentes juegos, creo que Jaipur es el que más me gusta para dos jugadores. Vale que la suerte puede ser decisiva y a fe que lo acabó siendo esta vez, especialmente cuando haces la locura de llevarte todos los camellos sobre la mesa y repones la oferta con cartas de telas o especias que, como mucho, van a darle al rival tres míseros puntos. Ok, el azar puede decidir, pero este juego tiene una cosa excelente: meterse en la dinámica e incluso intuir cuál es la mejor estrategia es algo que se hace casi desde el mismo momento en el que te enseñan las reglas. Y eso, para quien afronta su primera tarde en las grandes ligas de los juegos de mesa, es una invitación a seguir progresando.

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