Skyline: las verdaderas torres de dados

sky00

Los dados son un ingrediente para elaborar sushi, semillas para obtener recursos agrícolas, armas para eliminar zombis u hojas de alistamiento de soldados para nuestro ejército, entre una infinidad más de útiles servicios cuya cantidad ni siquiera llegamos a imaginar. Así pues, ¿quién puede sorprenderse, a estas alturas, de que también sean los ladrillos que ayuden a construir una ciudad? Crearnos nuestro propio paisaje de rascacielos es el objetivo de ‘Skyline‘, un juego creado por David Short que, con 60 dados, un poco de estrategia y un mucho de suerte, propone convertirnos en arquitectos que pasen a la historia.

No se sabe qué ha hecho más daño a la humanidad, si las películas de Disney o el Yahtzee, cuyo mecanismo ha ‘inspirado’ multitud de juegos en los que los dados son los protagonistas. Aunque eso sí, juegos camuflados con todo tipo de temáticas que vistieran los siempre fríos números o modificando de alguna manera la dinámica de selección, en busca de una finura que hiciera olvidar cualquier rastro del ‘abuelo’.

El pato no va incluído
El pato no va incluído

A nuestro entender, ‘Skyline‘ lo consigue. Tampoco es una obra de arte, no vayan a pensar, porque es un entretenimiento facilón, de puro relleno y que, si no es tu propio juego, posiblemente lo juegues con interés en el momento de conocerlo pero nunca lo sugerirás para una quedada. Juega a su favor el que las partidas no vayan más allá de los 20 minutos pero, al menos durante ese tiempo, nos mantiene concentrados y nos obliga a pensar en una estrategia antes de que sea la suerte la que hable (y eche a perder todo, dicho sea de paso).

Para empezar, tendremos varias áreas de juego en torno a un pequeño tablero central cuya principal función es la de marcar el turno de juego. A un lado se hace la reserva de dados, distribuidos según su tipo en tres montones. Esto se llama la ‘zona de construcción’. En ella están los de base o primera planta, que deben utilizarse para iniciar la construcción de los edificios; otra pila se forma con los dados que corresponden a los pisos intermedios; y en último lugar los que, a modo de cúpula, están destinados a coronar lo que se vaya haciendo. A otro lado del tablero está el denominado ‘distrito de abandono’, en una traducción más que libre del ‘abandoned district’ que se lee en el manual. Sea como sea, aquí esperan de inicio tres dados juntos, uno de cada tipo.

La dinámica es muy sencilla. Primero se eligen tres dados cualquiera de la zona de construcción, dando igual cogerlos de un montón o de otro, aquí hay plena libertad constructiva. Otra opción para arrancar es la de tomar los que pudiera haber en el distrito de abandono, que mínimo serán tres. En todo caso, una vez tomada la decisión el siguiente paso es obvio: ¡dados al aire!

Lo que pasa a partir de ahí lo marcan la suerte y el riesgo que se haya querido asumir. Como el objetivo final es conseguir puntos y para ello lo que más se valora es tener edificios altos, cuanto más, mejor, lo ideal es coger los ladrillos que nos salen para engordar nuestras creaciones. Esa es la opción preferencial pero como el azar es caprichoso, habrá ocasiones en las que haya poco o nada positivo que hacer con los resultados de una tirada. Y como estamos obligados a usar al menos un dado, a veces hay que decidir entre lo malo y lo peor. En lo práctico, hay que optar bien por dejar los dados que no queramos en el distrito de abandono (es decir, más dados para la tirada de un rival) o bien devolverlos a la zona de construcción, aunque esto conlleva obligatoriamente la demolición de uno de los edificios que tengamos hechos o que hayamos iniciado. Esto, que suena fatal así en seco, puede compensar si buscamos más puntos o no facilitar las cosas a los contrarios. De hecho, uno de los ‘trucos’ del juego es tener alguna edificación mínima pensada para sacrificar con este movimiento. Una vez hecha la acción podemos dar por finalizado el turno o arriesgarnos y repetir la tirada de los dados que no hayamos usado.

 

Para complicar el tema (un poco) hay que tener en cuenta los colores de los rascacielos, ya que cada uno de los tres que hay indica una estatura y un rango predeterminada. Eso es algo con lo que hay que jugar también sabiendo que, si bien los morados son los más bajitos y los más sencillos de edificar, los naranjas son los más altos y los que más puntos van a dar pero también los que disponen de menos dados para colocar su cúpula. Una vez hecho, se sustituye la fila de dados por una de las losetas que ven en las imágenes, cuya función es darle cierto empaque visual a las partidas y recordar los puntos que otorga cada edificación. Quedarse con un edificio a medias es lo mismo que no tenerlo, así que hay que buscar un cierto equilibrio y medir los riesgos.

470
El tapete para juego en solitario tampoco está incluido pero se encuentra en la BGG

Como solitario, el juego es regulero tal cual. Hay que tomárselo como lo que es, unos diez minutos de tirar dados y sumar puntos sin más pretensiones que matar el tiempo. Consciente de la poca chicha que tiene el asunto a priori, el autor ha creado una especie de modo campaña en la que ir enlazando lo que serían siete partidas consecutivas, tratando de cumplir unas condiciones determinadas en cada una de ellas, para sumar finalmente las puntuaciones de cada escenario y obtener un total. No es un dechado de originalidad y no es que aquello de superar puntos sea el ideal de un solitario para estos patos, pero al menos le da una orientación inesperada y emocionante a un juego que sin esta implementación es bastante soso para un único jugador.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s