Jornadas LES: la fiesta del año

No fui el único de quien escuché eso de que, posiblemente, las LES -o, dicho en grande, las jornadas Ludo Ergo Sum– son el mejor evento dedicado a los juegos de mesa que tenemos a mano, por lo menos los que vivimos en Madrid. En unos días, estos patos hacen las maletas una vez más para probar el Festival de Córdoba, más profesional, más multitudinario y en un entorno mucho más bonito. Pero qué quieren qué les diga. Alcorcón no es la ciudad más bella del planeta: no tiene la Mezquita pero ¡¡¡cuántas veces me habré perdido en el Ikea*!!! ¿Les he contado que la primera vez que fui a un Hipercor, cuando aquello aún era una novedad, fue el mismo día en el que descubrí que todos morimos? Batallitas….

La verdad es que un poco de morir sí que va la cosa porque, en mi caso, ha sido la cuarta vez que me acerco a morir jugando en esa mole de hormigón que durante el resto del año es un polideportivo pero, por un fin de semana al año, se torna en el centro neurálgico de todo friki que se precie. No es Córdoba, ni Granollers, ni Essen. Es Alcorcón, ni más ni menos. Y no nos puede gustar más ir cada temporada.

Al margen de lo evidente -juegos, juegos y juegos por doquier-, nos gusta por el cariño con el que están organizadas con el trabajo de la Asociación Ludo Ergo Sum, la misma que organiza los ‘Findes Naranjas‘, y que es capaz de hacer tantísimo tirando de voluntarios para crecer año a año: cerca de ¡2.200 personas! estuvieron inscritas en el evento que se cerró el domingo y tras el cual llega un lunes de resaca y nostalgia y un martes (y siguientes) en el que empezamos a activar la cuenta atrás hasta la próxima. Merece la pena. La próxima, os venís… aunque sea para comerse unas rosquillas o hacer fotos. Porque hay fotones allí esperando. Incluso de paisajes extraordinarios…

 

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Pero… ¿cómo os lo explicaría si lo de los juegos de mesa aún os da un poco de respeto? Lo primero es eliminar prejuicios. Es imposible decirlo mejor que Juegos de Mesa 221B en su crónica de las jornadas: si solo esperas ver a frikis disfrazados, acabaréis extrañados de ver a gente absolutamente normal, lo mismo que en la calle o en el parque que hay enfrente del pabellón: familias con niños, señoras y señores de toda edad y condición… es decir: total y absoluta normalidad. Es verdad que ver las demostraciones de la escuela de lucha con sables de luz no ayuda a quitar esa idea preconcebida, pero lo cierto es que allí cada cual encuentra lo que le gusta y, tanto si eres aficionado a este vicio como si no, los ojos te hacen chiribitas con todo lo que hay montado: desde juegos de mesa para niños, para adultos, demostraciones de próximos lanzamientos o proyectos en ciernes, partidas de rol, batallas de miniaturas, un mercadillo de segunda mano que ríete tú del Rastro, stands de tiendas o una barra para avituallarse a precios populares. Además, el dinero que se recauda en el bar y con parte del de las ventas del mercadillo van para actividades solidarias, así que encima de que te diviertes y/o amplías tu colección, echas una mano al mismo tiempo.
Colas de acceso antes de la apertura de puertas
Colas de acceso antes de la apertura de puertas
Lo primero que llama la atención allí es la cantidad de gente que acude: impresiona ver un pabellón deportivo tomado literalmente por decenas de mesas llenas de jugones enfrascados en mil y una batallas. Incluso en la carpa que se montó en la pista exterior era complicado encontrar un hueco a según qué horas. Y pese a todo, orden exquisito en todo el recinto, incluso en las colas que se formaron para acceder o apuntarse a alguna actividad. Faltó tiempo para todo…
  • En esta ocasión jugué poco y casi siempre a cosas más o menos ligeras y escasas novedades, la verdad. La estrella fue el ‘King of Tokyo‘, una especie de ‘rey de la pista’ en el que monstruos gigantescos se pelean a base de dados y poderes para ser el mejor o el único superviviente para campar por la capital japonesa. Se me dio sorprendentemente bien aunque tampoco la cosa es para sacar pecho porque en este juego, a la mínima, te lo parten.
Mi campeón. Rey de reyes
Mi campeón. Rey de reyes
  • Dixit. Otro ‘nuevo clásico’. Justo al revés que el anterior: me encanta pero se me da fatal. Mi conejo acabó en la cazuela. Se lo merecía.
  • Coup‘. No me gusta. Me da un perezón extraordinario este juego, y así me fue. Le reconozco el mérito de ser una excelente alternativa para un ratito sin complicarse mucho. Tiene dosis de faroleo muy altas y la gente que se sentaba a mi lado parecía divertirse pero a mi, la verdad es que no me engancha.
  • fil00Fila Filo‘. El tiempo apremiaba y solo le echamos un rato pero creo que el que unos amigos tuvieran que irse fue la excusa perfecta para detener una partida que nos estaba aburriendo a todos. El objetivo es llevar a tu equipo de tres hormigas de un lado a otro del jardín, evitando el ataque de la araña que cuelga de las ramas. Para manejar ambos tipos de animales, así como un tocón que permite ocultarse, se usan unos dados que marcan el movimiento de cualquiera de ellos. Es muy bonito y resulta original pero creo que solo indicado para niños.
  • Mafia. Cosa di Capo‘. Bien. Un juego de cartas sencillito y en el que el objetivo es acabar con el máximo dinero posible, lo que se hace ‘regentando’ negocios o extorsionando, robando, asesinando o traficando, que suena muy mal pero que sobre una mesa de juego es un plan más que divertido, sobre todo si tú no eres la víctima.
Tres capos en busca de pasta fresca. Y no, no hablamos de macarrones precisamente...
Tres capos en busca de pasta fresca. Y no, no hablamos de macarrones precisamente…
  • El aviador loco‘. Este es para niños también pero nos podíamos haber pasado la tarde entera hipnotizados por las piruetas del piloto más loco del mundo lúdico en su avioneta. Mejor verlo en movimiento:
Además, probé -o quise, más bien- probar un juego de rol. Tantos años en esto y nunca había ido más allá de los libro-juegos y lo cierto es que me apetecía echar una partida. De hecho, fue la excusa para madrugar el domingo. Al final, por un error en las inscripciones, se presentó en la mesa una persona más de las previstas y por eso decidí simplemente apartarme y quedarme un rato de ‘oyente’ de una aventura al Jernhest, ambientado en una especie de mundo de estética steampunk en el que varios participantes tenían que colaborar para resolver un misterio. Aunque la cosa parecía interesante casi agradecí quedarme fuera porque ya vi pronto que la cosa se alargaría… ¡otra vez será!
El mercadillo es otra de las maravillosas bendiciones que ofrecen las jornadas. Hay que contenerse muy mucho para no arramplar con todo porque siempre hay cosas interesantes que echar al zurrón: desde las reliquias caras-pero-inencontrables hasta los pequeños juegos de cartas, había cientos de cosas. Los patos se llevaron dos, ambos con versión en solitario: ‘Bremerhaven‘ (24 euros) y ‘Super Fantasy‘ (por 15).
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* “Cadena escandinava de muebles listos para montar y artículos para el hogar en un espacio estilo almacén” (Wikipedia)
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