Kimbo y Margarita: alguien tenía que decirlo

Me pegaba llamarla Margarita, aunque realmente me lo he inventado y no se parece ni de lejos a su nombre. Todo sea que cualquiera que domine el camboyano me desmienta y me diga que esa es la traducción literal del jemer Chhom Nimol, que es como atiende la chica en cuestión. Conocí a esta señorita gracias a un programa de Radio 3 en el que hablaban de la fusión en la música para presentar a ‘Dengue Fever‘. Este grupo, afincado en Los Ángeles, cuenta con la melodiosa voz de Margarita quien, pese a ser una celebridad “en los karaokes” de su país según los locutores, emigró a Estados Unidos, donde un grupo de “exgrunchies” la fichó para crear algo nuevo y definitivamente diferente a todo lo escuchado antes. No están rompiendo moldes pero al menos sí están cosechando un moderado éxito. Ahora, de hecho, se estrena un nuevo disco, con el que se acercan a la decena de álbumes.

El resultado de la unión es un pastiche pegadizo y alegre, a caballo entre la presunta oscuridad de la “psicodélica” (Wikipedia dixit) parte americana y los ecos y ritmos asiáticos que aporta Marga (disculpen las confianzas). Tal sonido es una trampa, ya que tras la primera escuchada puede llegar una segunda para, sin solución de continuidad, acabar en horas y horas de tener la melodía en la cabeza. Eso ya no sería tan sano ni tan alegre. El tema gancho se llama ‘Rom Say Sok‘; es este:

Ahora vamos con Kimbo, pero no pierdan el play del vídeo anterior, que lo van a necesitar. Como digo, el hombre de la historia es Kimbo Slice, aunque ese es el apodo artístico que esconde el Kevin Ferguson con el que le bautizaron sus padres. Su tarjeta de visita en Cesta de Patos también es la casualidad. Un ‘popular portal de vídeos en Internet’, que diríamos, me sugirió el visionado de la pelea íntegra de Slice contra el australiano Shane Tilyard, acontecida en enero de 2013. Fueron dos asaltos -los pueden ver abajo- en los que dos fornidos luchadores dábanse golpes a una velocidad engañosa: lentos como el caballo del malo a la vista pero sin freno; son como puños montados en tráiler que ambos intercambiaban con oficio y sin tapujos.

Pero más que el boxeo, me llamó la atención la estética de Kimbo: un bahameño forjado en Estados Unidos de 1,88 metros y 110 kg de peso cuya cabeza se asemeja a la de un Homer Simpson de caoba, con una calva que apuraba sus últimos retazos de pelo en una coleta mínima y una barba de oso que en semejante continente parece el babero de un niño. Pero con el cuerpo de un atleta de la antigua Grecia: un tipo imponente, por resumir.

Y ahora, el cruce friki: vayan a este segundo vídeo, el de la pelea. Quítenle el sonido y avancen hasta que se inicia la contienda (sucede en el 3:25 aproximadamente). Denle al play. Y ahora activen el de Margarita. El efecto de ver la coreografía entre los mastodontes con la voz de la camboyana es curiosa y, si me apuran, la combinación de ambos forman un maridaje imprescindible. Alguien tenía que decirlo.

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