‘Instalaciones’, reflexión sobre la estética de lo popular

Cuando observar se convierte en un juego, la cotidianidad adquiere un tinte diferente y desenfadado. Es algo así como regresar a épocas de caravanas eternas camino de la costa embutido en la parte trasera de un coche pequeño junto al resto de la familia, las maletas y la pelota Nivea ya hinchada desde Madrid. Surgían entonces aquellas imponentes siluetas de toros colocadas estratégicamente en las cunetas invitando con lozanía al conductor y acompañantes a echarse un trago. Otros tiempos, vaya.

Aquel animal negro recortado sobre el azul del cielo se erigió en pionero de una estrategia publicitaria que consistía, ni más ni menos, en lo que es la publicidad en sí misma: llamar la atención. Vaya si lo hacía. A su estela, la geografía española contiene un sinfín de reclamos peculiares en torno a las cunetas: objetos, mensajes, etc. Son elementos en torno a los cuales versa ‘Mecanismos inconscientes del horizonte‘, un trabajo del fotógrafo cordobés Miguel Ángel Moreno Carretero que ofrece La Fábrica hasta el 11 de enero y en el que se exponen decenas de imágenes de estas pseudo-esculturas que pueblan el particular museo de las carreteras.

Y en esa inmensa sala abierta, Moreno ha documentado durante seis años “esculturas públicas intencionadas que significan al territorio que ocupan”, según sus palabras, “elementos a priori distantes como el arte y la sociedad de consumo, las combinaciones, la alquimia del objeto y sus posibilidades comunicativas. Me gusta la poética del arte y la capacidad que tiene de evocar pensamientos. De ser una posición ante la vida. Por otro lado, me apasionan las armas de seducción de la publicidad para dirigir a la gran mayoría hacia un mismo destino: el consumo”.

Miguel Ángel Moreno Carretero-08

El resultado es una colección de estampas cuyo nexo es la mirada, siempre atenta, hacia el paisaje. Intervenciones como un coche colgado, una lata de refresco gigante o una piscina clavada en el suelo son anormalidades que, por mor de ese juego de observación, acaban formando parte del equilibrio que pretendían quebrar con su mera presencia.

La paradoja del tiempo: mirarlas supone normalizarlas. La vida misma.

Artículo publicado originalmente en ARNdigital y replicado en CdP en Junio de 2016

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