Sangre en la nieve. Y encima reímos

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Hay cosas enterradas en la nieve que no esperan al verano para salir a la superficie. Por ejemplo, el humor negro, la violencia y el surrealismo. Son cosas que pasan en ‘Fargo‘, un infinito paisaje  blanco en el que se narra la historia de un crimen -o de varios- y en el que los protagonistas responden a una dualidad universal: depredador o víctima. Matar o morir. La vieja historia, la más vieja del mundo, puesta en práctica y como eje de un guión que ofrece una versión pesimista del ser humano: todos somos susceptibles de subir un escalón en la pirámide animal y, lo más terrorífico, sentirnos cómodos con ello.

La serie ofrece una trama que se desmadeja en el mismo universo que crearon los hermanos Coen en la película del mismo nombre. Aquella cinta, de 1996, recibió todo tipo de elogios por la originalidad de su guión (ganó el Oscar por ello) y por su ritmo e interpretaciones, elevándose a la categoría de culto. El riesgo a la hora de adaptar ese libreto a la pequeña pantalla es un reto que ya dejó un ‘cadáver’ por el camino. El listón estaba tan alto y la historia dejaba tan poco resquicio a una posible secuela que, o se hilaba muy fino, o resultaría casi imposible lograrlo. Fue imposible lograrlo, de hecho.

Por eso, a la hora de enumerar los méritos de esta versión de 2014 hay que empezar precisamente por la seguridad y la consistencia del proyecto. Sin entrar en más valoraciones y, tras ver todos los capítulos, se puede decir que la serie refleja con una exactitud casi milimétrica el ambiente de la película. La historia cambia aunque los guiños hacia el largometraje son más que evidentes. Pero casi se puede decir que al principio hubo un escenario y dos equipos de actores a los que se les dijo: salid y haced lo que podáis. Y cada cual, a su modo, ‘parió’ una narración independiente en la temática pero soberbia e hipnótica en la factura.

Porque sentarse a ver ‘Fargo‘ es estar dispuesto a dejarse abducir durante un buen rato. Es el mismo ensimismamiento que a veces sentimos al mirar la lluvia a través de la ventana. Será la llamada a la quietud que transmite el frío de esas escenas en los parajes nevados; o el ritmo, a veces tan lento y nutrido de planos largos, detallados y obsesivos. Ayudan las conversaciones mordaces, que poseen tanta punta como conciencia de perdurar, como motas de polvo iluminadas por un mínimo rayo de sol. Saben las palabras de cada diálogo que su vida es tan limitada como una huella en la nieve y, plenamente conscientes de sí mismas, aceptan su destino a cambio de agrandarse y ocupar un espacio. El infinito vacío de un pequeño pueblo se lo permite. ¿Quiénes somos nosotros para impedirlo?

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La quietud queda rota de forma imperceptible con la llegada de un enigmático personaje al pueblo. Alguien que, en los primeros minutos, ya se destapa como uno de los más fríos, calculadores, malvados y manipuladores antihéroes de los que se recuerdan últimamente. Un encuentro casual entre el depredador y el inocente perdedor nacido para ser víctima desencadena la historia o, por mejor decir, enreda lo que parecía imposible seguir enmarañando. Inocentes los que piensen que, si la cosa está mal, no puede ir a peor porque en ese sentido, la serie rompe todas las previsiones.

Hay sangre -mucha-, así que absténganse los de estómago débil. Es muy violenta, a veces de manera gratuita, muy a lo Tarantino. No hay escrúpulos, así que tampoco iba a haber concesiones. Lógica aplastante. Y decir esto no es un espoiler, ya que es casi el mandamiento único de la producción. Sin ánimo de destripar nada, si en la película todo se iniciaba con un secuestro, aquí la trama arranca ya casi con un par de muertos. Pronto perdemos la cuenta…

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Pero ‘Fargo‘ es mucho más que esa sangre roja sobre la blanca nieve. Mucho más. ‘Fargo‘ es, ante todo, una atmósfera opresiva en la que los actores -buenos, malos y regulares- hacen un trabajo soberbio. Desde el cínico asesino interpretado por Billy Bob Thornton hasta el taimado perdedor encarnado por Martin Freeman (¡que bueno es este tío!), pasando por esa policía ejemplar a la que da voz Allison Tolman. La capacidad del trío protagonista lleva en volandas al espectador y le da vida a un guión pleno de humor negro, de giros inesperados y de golpes recurrentes. Alguno, incluso, puede que nos alcance. Y encima, lo reiremos.

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