Crónica de una ‘Crónica’ surrealista

Tuve que buscar en la Red una segunda y tercera opinión. Y es que fue tal el desasosiego tras leer ‘Crónica del pájaro que da cuerda al mundo‘ que simplemente no lo podía creer. Mi segunda inmersión en el universo Murakami ha resultado tan absorbente como la primera (‘1Q84‘) pero, a diferencia de aquella, el poso final es de puro desconcierto. ¿Qué ha pasado? Como iniciaba una crítica de las que leí, “me ha gustado mucho… ¡pero no he entendido nada!”. Veo que no soy el único. ¿Consuelo de tontos? Mmm…

mur01Me dio la impresión de libro inacabado, lo que después de 800 páginas resulta, cuanto menos, irónico. No me quedó muy claro qué ocurre realmente con la historia principal, la que afecta a un japonés en paro llamado Tooru Okada. Vale, sabemos lo que sabemos, claro; que hay un ‘cierre’: está ahí, leído, imaginado. ¿Es inesperado? Pues más o menos, pero no es eso. Lo que no cuadra del todo es que, con tanta minuciosidad y tanto simbolismo como habitan en el resto de páginas todo se precipite de tal modo en el epílogo. Nada es casual en el universo Murakami y eso, que es una bendición en su literatura porque ayuda a que el ritmo no decaiga durante toda la historia, parece que vaya a fallar justo al final ofreciendo una resolución más o menos breve y sencilla. De locos, ya.

Esto se hace más patente a la hora de dar cuenta del resto de secundarios, donde la tendencia se exagera en ambas direcciones. Casi escuchamos los latidos del corazón de esa galería de personajes que van coloreando el entorno de Okada. Todos están ahí por una razón pero cerramos el libro sin saber muy bien qué fue de unos, las motivaciones de otros o, simplemente, asistimos a broches un tanto forzados. Y creánme que, como en algunos casos las narraciones secundarias son tan atractivas o más que la principal, queremos saber más de las mismas.

¡Es difícil hablar sin desvelar muchas cosas!

La historia, en la superficie, es la de un tipo corriente, sin muchas aptitudes, del montón, como le recuerdan a lo largo de la novela varios de los personajes con los que tiene a bien (o a mal) cruzarse. Un personaje anodino que pasa de la noche a la mañana de tener una vida acomodada como ‘amo de casa’ a hundirse en la miseria después de que su esposa se vaya de casa sin darle ninguna explicación. Es el final de una existencia sin más ambición que la de pasar los días haciendo las tareas domésticas y buscando al gato de la familia como máxima preocupación.

Desde la primera vez que nos vimos supe que no podía esperarse gran cosa de ti. No adivinaba en ti ni un elemento positivo que te permitiera realizar algo en serio, convertirte en una persona como es debido. Desde el principio nunca has tenido nada que brillara o que diera luz a algo. Pensé que cualquier cosa que empezaras la dejarías a medias, que nunca conseguirías llevar nada a término. Y así ha sido

Pero ella un día no vuelve de la oficina. Pasan y pasan las horas hasta donde una reunión de trabajo no es motivo para explicar la ausencia. Pero es que ni siquiera ha ido a trabajar. Pasan las horas. La noche, la madrugada. El amanecer. El silencio. La barba descuidada. El final o el principio. Tooru Okada necesita, al menos, una explicación. Y aunque la recibirá días después, no será ni la que esperaba ni de la forma que esperaba. Es el momento de hacer algo más, de moverse. Sin rumbo y con vaivenes. Pero moverse, aunque sea al fondo de un pozo o al fin del mundo. Y es entonces cuando se activa para luchar contra la incredulidad que sobreviene, en busca de respuestas. Y a poder ser, que vuelva su Kumiko.

¿Puede un ser humano llegar a comprender plenamente a otro? Cuando deseamos conocer a alguien e invertimos mucho tiempo y serios esfuerzos en este propósito, ¿hasta qué punto podremos, en consecuencia, aproximarnos a la esencia del otro? ¿Sabemos en verdad algo importante de la persona que estamos convencidos de conocer?

El viaje que se narra desde ese punto es puro Murakami. Lo real y lo onírico se mezclan en unas andanzas en las que las situaciones sobrepasan al protagonista, a veces convertido en un mero pelele en manos de una espiral de acontecimientos que solo entenderá -o no- a posteriori. Es verdad que hay mucha trampa alrededor: todos los personajes con los que se cruza poseen más información que él y le manejan sin que, en la mayor parte de casos, sepamos muy bien el porqué. Benefactores o no, el elenco de personalidades le van ayudando a desmadejar una historia que va mucho más allá de una ruptura matrimonial al uso. Nada volverá a ser como antes. Nada es lo que parece.

Escucha, lo que nosotros vemos es sólo una pequeña parte del mundo. Damos por hecho que esto es el mundo, pero no es del todo cierto. El verdadero mundo está en un lugar más oscuro, más profundo, y en su mayor parte lo ocupan criaturas como las medusas. Eso nosotros lo olvidamos. ¿No te parece? Dos terceras partes del planeta son océanos y lo que nosotros podemos ver con nuestros ojos no pasa de ser la superficie del mar, la piel. De lo que verdaderamente hay debajo no sabemos nada

Ushikawa | Murakami fan blog
Ushikawa | Murakami fan blog

La posdata. +1 para Ushikawa. Un antihéroe rollizo, grasiento, un paria de la sociedad por su fisonomía y su actuar. Ruin, casposo, interesado, egoísta, taimado. Un secundario hipnóticamente desagradable y cutre que provoca angustia al ser en el objetivo de sus pesquisas. Porque Ushikawa, al que estos patos conocieron en ‘1Q84‘, era entonces un detective privado. Había afinado su currículo en esa obra posterior, ya que en ‘Crónica…’ es una suerte de ‘secretario vitaminado’, un ‘solucionador’ de problemas que trabaja en la sombra. Él mismo, como reconoce en una de sus interminables peroratas, asume que no es de esas personas que deban estar en un primer plano porque es plenamente consciente -y parece estar más que conforme con ello- de que su vida no debe ir más allá de la casta más ínfima de la sociedad en la que se halla. Y tan a gusto, al parecer, que el asco que produce imaginárselo es una de las armas para que sea recurrente en distintas obras del escritor japonés, como una especie de nexo entre esos distintos planos de la existencia que remiten a la realidad más absoluta y pesimista, encarnada por este señor desagradable a la vista y al oído, descarado y capaz de soltar píldoras de sabiduría…

¿Sabe, señor Okada? Como usted muy bien es consciente de ello, éste es un mundo sangriento y lleno de violencia. Si no eres fuerte, no sobrevives. Pero al mismo tiempo debes permanecer en silencio, aguzando el oído, para no perderte el más leve susurro. Las buenas noticias, en la mayoría de los casos, se dan en voz baja. Acuérdese de esto

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2 comentarios en “Crónica de una ‘Crónica’ surrealista

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