Vanessa Winship, fotógrafa de mosaicos

Sin título, de la serie Imagined States and Desires. A Balkan Journey, 1999-2002 © Vanessa Winship
Sin título, de la serie Imagined States and Desires. A Balkan Journey, 1999-2002 © Vanessa Winship

Hay nostalgia y dramatismo en estos mapas del ser humano que el objetivo retrata de forma fugaz, aunque la escena perdure para siempre. La británica Vanessa Winship (Barton-upon-Humber, 1960) no es una de las fotógrafas más conocidas en España pero Fundación Mapfre celebra, desde la pasada semana, y hasta el 31 de agosto, una retrospectiva de su obra que perdona esa carencia. No es, además, una exposición más para la Fundación, ya que con ella estrena su nueva sala ‘Bárbara de Braganza‘, heredera de la sala ‘Azca‘, punto de referencia de la fotografía durante los últimos años. Ahora, un nuevo escenario más cerca del centro neurálgico del arte de Madrid.

La de Winship resulta un acierto porque su trabajo resulta sumamente evocador. No tanto por lo que se ve sino por las historia que conforman la sucesión de instantáneas. Como un mosaico o una pequeña enciclopedia de cada lugar, pocas veces tiene tanto sentido definir un conjunto de imágenes como ‘serie’ al desentrañar este proceso de creación del todo a través de pequeñas piezas. El recorrido se inicia, además, en un escenario poco convencional: los Balcanes. Su viaje a través de Albania, Serbia y Kosovo en 1999 le ofrece pueblos en plena y precaria reconstrucción tras el conflicto que arrasó la zona pocos años antes. Subyace el espíritu de supervivencia de la gente que retrata pero, el peso del contexto y la atmósfera plomiza amplificada por el blanco y negro y el grano de las tomas, imponen un halo de amargura que incide en lo frágil de la cotidianidad que se presenta ante nosotros.

Más por lo formal que por lo temático, su siguiente trabajo ahonda en este estilo de narración visual. En este caso el escenario son los países que rodean al Mar Negro. ‘Entre la crónica y la ficción’ (2002), titula la artista este capítulo de su obra. Turquía, Georgia, Rusia, Ucrania, Rumanía y Bulgaria. Tan diferentes, tan iguales. Unidos precisamente por lo que los separa. La reflexión en este ámbito gira en torno a la oportunidad de las fronteras, a lo arbitrario de los trazos sobre el mapa de papel cuando es el agua, en este caso, lo que marca las distancias entre poblaciones que encuentran su identidad más allá de lo que marcan la política, la religión o la cultura, incluso.

El siguiente paso viene a ser un ejemplo de estas imposiciones: los uniformes escolares de niñas de la Anatolia Oriental (2007). Es una zona con fuertes tensiones al ser un cruce de caminos entre Georgia, Armenia y Azerbaiyán, lo que supone un lugar más que obvio para que el Estado imponga sus símbolos. Las ‘víctimas’ inocentes son estas pequeñas colegialas que se muestran ante la cámara con tanta curiosidad como inocencia. Es la parte blanda de una fotografía en la que el escenario es un mensaje en sí mismo.

Esta serie supone, por otra parte, un giro en la concepción de la imagen de Winship por el hecho de conceder un protagonismo cada vez mayor a los rostros. La tendencia cobra una especial trascendencia en su retorno a Georgia en ‘Semillas llevadas por el viento’ (2010), donde su obturador captura rostros y poses de la juventud de este país que ha depositado en estos retratados sus grandes esperanzas.

Sin embargo, si en esos georgianos puede hallarse en la pupila un atisbo de la esperanza, en ‘She dances on Jackson’ (2011-12) nada escapa a un cierto aire de decadencia y resignación. Paradójicamente la ‘acción’ se traslada a Estados Unidos, civilizado, potencia mundial, centro del mundo. Y, sin embargo, ni las personas que aparecen en las tomas parecen felices ni los escenarios desolados que se presentan, en desuso y despoblados de la figura humana, invitan a la alegría, precisamente. Un caso parecido al del último trabajo que se muestra en la sala ‘Bárbara de Braganza’, dedicado a esos yermos parajes desérticos de Almería, en ‘Where the gold was found’ (2014). En estas fotos no se ven personas pero sí su huella sobre el terreno desolado. Huellas que narran historias, para el que quiera verlas.

Sin título, de la serie ‘Almería. Where Gold Was Found’, 2014 © Vanessa Winship
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