Pálpito de ti

La noche previa existe el pálpito, que gime al cielo oscuro sonando a clamor de esperanza.

Solo existe una estrella.

Te presiente. Te intuye. Algo tuyo hay ya, allí donde miro.

La noche previa esconde mal el amanecer incipiente. El sol también pasea nervioso por la noche y se desvela. Sin querer, reordena mareas y manda a dormir a búhos y vampiros antes de tiempo.

Las últimas horas de oscuridad son las de la vigilia, en la que los suspiros se acicalan ante el día en el que la felicidad nace para vivir o vive para morir.

Esta noche hace frío pero no lo siento. Se acerca el invierno. Se acercan las horas en las que todo puede cambiar, y cambiará; el instante en el que, sin saber la razón, sé que te miraré para no olvidarte nunca. Lo sé. Y también sé la razón, claro.

Amanece.

Y entonces,

.

ddLa hora azul. Sí, la que ya conocía aunque ahora quiera vivirla cada jornada a tu lado. El sol brilla antes de tiempo y llama a las nubes para esconder su sonrojo. Hablaba de la noche anterior, sí. Del pálpito. Eso. De la intuición de tu sonrisa continua, tan real ahora que no parece humana; de tus ojos mirándome, de tu voz, del anhelo cumplido… Despido al genio de la lámpara que se marcha, desubicado, sin saber muy bien qué hacer con los dos deseos que me sobran.

Contigo ya estoy pleno.

Eres el día bueno tras una semana de lluvia. Es darte igual el peligro de un tornado de tiburones. Sí, ríete… Había ya felicidad en esa suela que deja nuestras (primeras) huellas en el camino. Un tocón de encina, una terraza a mi/tu/nuestra ciudad. Y el sol en tu rostro… el minuto en silencio que me paso mirándote… ¿o fue toda una vida?

El conocerte como si ya te llevara conociendo cada día de los que pasaron hasta ahora. El plan perfectamente orquestado desde el prospecto hasta tus labios…

… el plan para que seas tú quien me acompañe en cada sueño, en cada noche, para que seas la persona a quien coja de la mano al entrar en cada bosque. Eso ya lo pensaba la noche previa, cuando tu cuerpo no era más que un sueño. La realidad es aún mejor.

Quiero vivir en tu cuello, resguardado del invierno bajo tu pelo. Quiero vivir en ese pueblo que se llama ‘Peligro Niños’ en el que respira tu pinar y donde se comen cazones. Quiero abrir fuego contigo contra algún cartel de la Casa de Campo y dejar nuestra marca. O colarme en tus partidas imaginarias de Monopoly… o en las luchas reales de besos; más en estas, sí. Quiero ver tu SONRISA cada mañana, cada tarde, cada noche, cada hora azul, cada primer día… cada día.

[…esto te lo digo al oído…]

PD. ¡Feliz cumpleaños, preciosa!

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