¿Y si Mourinho fuera detective?

Helo ahí. El 'Mourinho' de la serie: egocentrismo en grado sumo

Helo ahí. El ‘Mourinho’ de la serie: egocentrismo en grado sumo

Igual no será igual que el entrenador de fútbol pero el perfil sí que puede ajustarse a lo que es Alec Hardy en ‘Broadchurch‘. Hardy es de esas personas encantadas de conocerse que se sienten por encima de todo y todos, un obsesivo, maleducado y soberbio detective que, tras fracasar en un caso anterior, recala en una pequeña localidad costera británica para asumir la investigación de la muerte de un niño de 11 años. Y ahí es cuando recibirá una cura de humildad porque, en contra de lo que piensa, no es un dios omniscente. El caso de Danny Latimer conmocionará al pueblo en el que residía pero también cambiará para siempre a todos los personajes que se mueven alrededor.

Él, el primero. Un hombre solitario, tosco,  hiriente en exceso para los que le rodean, sobre todo para su compañera, la inocente Elli, otra de las personalidades obligadas a hacer un curso de endurecimiento a lo largo de la serie. Pero ocho capítulos después, sorprende ver no sólo el punto en el que empiezan y acaban sino la naturalidad que hay en el proceso. ‘Broadchurch‘ es un thriller, una historia de detectives que buscan esclarecer un crimen. Pero también es un retrato o pretende serlo, de cada una de esas veces en las que una pequeña comunidad aparentemente idílica se convierte, truculencia mediante, en el centro de las miradas de una sociedad. De primeras surge la sorpresa, el ¿cómo puede pasar esto aquí, donde reside la perfección? Pero una mirada detallada a la foto y el desgaste de semanas sin resultados a la hora de dar con el asesino van desgastando a todos, hasta que queda en evidencia que, aun en el paraíso, hay miserias.

La producción es verdaderamente intensa. Muy lenta, eso sí. Uno puede acabar con la sensación de que los tiempos están muy medidos pero un análisis más formal ofrece la sensación de que hay momentos en los que la cámara se recrea en planos silentes y descriptivos. Se aprovecha la excepcional fotografía -a cualquier aficionado le entusiasmará este aspecto- para complementar la acción con lo que viene a ser un álbum de fotos en el que cada rostro deja al descubierto los claroscuros que habitan en el interior de cada personaje. Descubriremos que cada cual tiene un secreto, un pasado o un anhelo inconfesable que, más allá de quedar al descubierto a medida que avanza el guión, ya se intuye al mirar de cerca a esa gente que, desde una mirada más amplia, parece una masa feliz en un entorno privilegiado. Solo la pausa dejará al aire la verdad: ni existe la cohesión entre ellos ni, mucho menos, la felicidad.

El crimen y la áspera personalidad del protagonista -encarnado por David Tennant, por cierto- resultan corrosivos para esa capa de barniz brillante de la comunidad. Hardy no mide, no piensa, no empatiza. Quiere ser frío y paciente pero le puede la contenida y acumulada de fracasos personales y profesionales, la enfermedad y la impotencia que resulta de verse terrenal él, que se concebía como una deidad. Todos guardan secretos, él puede que más que nadie, pero no perdonará al resto. Investigador, ‘sheriff’, justiciero o vengador, no es este hombre el personaje arquetípico que resulta detestable al comienzo para acabar dejándose querer cuando organizamos la comida de los domingos. El tímido esfuerzo por humanizarse que hace no tiene éxito aunque bien pudiera parecer que su intención última no es tal, sino la de contentar a quien le pide que lo intente más porque se calle y le deje en paz que por ser mejor persona. Eso no le interesa.

El reparto casi, casi al completo. Y casi todos, sospechosos

El reparto casi, casi al completo. Y casi todos, sospechosos

A su alrededor, unos habitantes más sencillos en apariencia, con los que chocará frontalmente en la manera de trabajar y encarar un crimen en el que demasiadas personas parecen involucradas. Tramposo en este punto el guión, colocando en la diana en cada capítulo a gente que, de una manera u otra, “pasaba por allí”. Con sus razones o sin ellas, puede que el final sea una sorpresa pero no así el saber que hay personajes que resultan pretendidamente sospechosos en su actitud y no hacen nada por evitarlo. Incluso ese quiosquero que, pese a ver cómo se le viene encima la tormenta, no ofrece más que dudas. Él como ejemplo extremo de esta tesis, aunque habrá varias personas más siendo señaladas.

Pero si Mourinho fuera detective, sería Alec Hardy y eso acaba pesando más que ninguna otra cosa en la serie. Él también se pregunta “¿por qué?” y también acusa y tira con bala y sin miramientos, no siempre de forma acertada. Al final también gana, claro, aunque el gesto queda torcido y al final queda ese sentimiento flotando en el ambiente: el de que ojalá que lleve tanta paz como deja.

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2 Respuestas a “¿Y si Mourinho fuera detective?

  1. Hum, si me pones a “Mou” en el título, ya me predispones mal frente a la serie, aunque a lo mejor estaría bien verla como catarsis. Unos cuantos insultos a la pantalla a veces pueden ser muy liberadores…

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