Culpables son los otros

Imagen del encuentro entre Juan Pablo II y Agca

El 13 de mayo de 1981, el entonces Papa Juan Pablo II sufrió un atentado en la plaza de San Pedro del Vaticano. Un ciudadano de origen turco llamado Mehmet Ali Agca le descerrajó cuatro tiros. Agca fue condenado a cadena perpetua por su intento de magnicidio. Sin embargo, poco después de salir del hospital, el Papa perdonó “de forma sincera” a su casi asesino. La foto del encuentro entre agresor y víctima fue una imagen que apareció en toda la prensa mundial. Sin dudar ni un ápice de la sinceridad del Santo Padre, la estampa no podía resultar una mejor campaña de publicidad acerca de uno de los pilares de la Iglesia: el perdón de los pecados a través del arrepentimiento.

Pero entre personas más ‘terrenales’, el perdón de una víctima hacia ‘su’ delincuente es mucho menos frecuente. Puede que excepcional, en algún caso. Uno puede posicionarse a priori acerca de cómo reaccionaría ante algo similar pero, como en tantas otras experiencias extremas, vivirlo es algo que puede dar al traste con una posición preestablecida. Cuando los sentimientos están a flor de piel es cuando los planes pueden derrumbarse. ‘Culpables son los otros‘ (‘Schuld sind immer die anderen), cinta dirigida por Lars-Gunnar Lotz, ofrece un balcón privilegiado hacia una situación así.

Ben, a su llegada al centro. Desafiante actitud | Foto: Laura Schleicher / FFL.de

Ben, a su llegada al centro. Desafiante actitud | Foto: Laura Schleicher / FFL.de

La película, que se proyectaba en Madrid en el marco del XV Festival de Cine Alemán, gira en torno a Benjamin Frag, adolescente con un nutrido currículo de robos y agresiones que, tras un breve paso por la cárcel, entra a formar parte de un programa de reinserción para jóvenes conflictivos. El reflejo en la pantalla de esta fase resulta pretendidamente convencional, abocándonos, o eso parece, a un metraje anclado en un discurso moral y buenista en el que el protagonista reacciona con furia al principio y a regañadientes después para acabar, no solo integrándose en la dinámica del lugar, sino destacando por encima del resto. Tal es la aparente previsibilidad, que todo parece indicar que el ejemplo de Juan Pablo II y Agca se repetirá más pronto que tarde entre Frag y la víctima por la que fue a prisión.

Es el destino el que corta de raíz los tópicos en la película, cuando llega el instante en el que descubre que una de las promotoras del programa es precisamente su última víctima: una mujer a la que robó y propinó tal paliza que le hizo perder el hijo que esperaba. Ahí se acabó para el espectador ver las cosas blancas o negras. Otro tópico, este de mi cuenta: es Alemania, ¡bienvenidos al gris, con todos sus matices! Aunque el protagonista cae en la cuenta de quién es ella al instante y eso ya supone un puñetazo en el estómago, conocerla y saber qué consecuencias tuvo su acción será definitivo para que su conciencia se agite. Surge entonces la culpa y el remordimiento en él, mientras el espectador no puede por menos que evolucionar desde la repulsión inicial hacia el personaje hasta una especie de reconocimiento por el progreso del chico.

Uno de los momentos clave de la cinta

Uno de los momentos clave de la cinta

El encuentro entre ambos supone el inicio de una nueva película. El cuento con moraleja se transforma en la vida, siempre de futuro incierto. Un asfixiante dilema psicológico y ético vivido desde los dos puntos de vista posibles. Para él, el chico duro, la culpabilidad de contemplar y palpar las consecuencias de sus actos supone una catarsis que acabará con su discurso de matón insensible y le conferirá una humanidad apabullante que se traduce en algo presuntamente ajeno a su pasado: lágrimas, arrepentimiento y empatía. Puede que el público español no vuelva a tener muchas oportunidades de ver a Edin Hasanovic, el actor que encarna a Benjamin; será una pena porque su interpretación resulta tan convincente pese a la enorme exigencia del papel, que sería bueno no perderle la pista.

Eva, insomne  | Foto: Laura Schleicher / FFL.de

Eva, insomne | Foto: Laura Schleicher / FFL.de

Luego está Eva, la víctima, interpretada por Julia Brendler. Una mujer atrapada en el dilema que supone ser víctima y promulgar con su trabajo el perdón de personas entre las que ya se encuentra. Es ella quien muestra a los chicos la fotografía del Papa con su agresor. En un par de ocasiones durante la película, también tiene que responder a si sería capaz de hacer lo que predica. Momento tenso. Intenta resumir lo que seguro que a esas alturas había pensado ya mil veces. “Lo intentaría”, viene a decir. Y lo intenta, vaya que sí. Pero Eva no lo tiene superado y ese sufrimiento se palpa en casi todo lo que hace incluso antes de reconocer en Ben al encapuchado que la atacó.

Porque una de las situaciones más dramáticas es precisamente esa: el proceso por el cual va atando cabos hasta que tiene la certeza de estar frente a la persona que le costó un hijo. Es el momento de la explosión, en el que las noches no son para dormir sino para verse de nuevo con una navaja en el cuello o magullada en el suelo. El momento en el que tiene que disimular. El momento en el que ni siquiera puede confiar en su marido. ¿Qué hacer cuando lo que se siente dista mucho de lo que uno querría? Es la forma de contar esa lucha interior de los personajes la que resulta demoledora. No recordaba haber tenido la lágrima tan a punto en un cine (bueno, ‘Bambi, claro…) porque es casi imposible no acabar comprendiendo lo que les puede pasar a ambos por dentro. Es, fruto de ese buen trabajo de interpretación, por lo que en este punto son los propios espectadores los que tienen que desechar los prejuicios iniciales: puede que haya o no final feliz (le dejamos que lo descubran ustedes) pero el camino hacia el mismo será extraordinariamente doloroso independientemente del desenlace. Empatía.

Con absoluta certeza, la sensación que deja ‘Culpables son los otros‘, amplificada por la última escena, no sería -será- la misma de haber estado doblada a nuestro idioma. Porque el guión es bueno pero lo cierto es que a la hora de la verdad, hablan más claro la gestualidad, la entonación y las miradas de los personajes que las mismas palabras. Es una pena que este ‘dramón’ vaya a quedar por su origen, absolutamente obviado aquí por producciones mediocres que se estrenan a bombo y platillo cada viernes. En el mejor de los casos, España podrá ver esta cinta dentro de unos años como una película de sobremesa en alguna televisión. Es verdaderamente injusto.

Hay que agradecer por tanto iniciativas como este Festival de Cine Alemán, que ofrece año a año una muestra de lo mejor que puede verse allí. Las cuatro películas que he podido conocer ofrecen una muestra pequeña pero clarificadora de la desconocida cartelera germana. Además de este ‘Culpables…’, pude disfrutar de ‘Costa Esperanza‘, ‘Hannah Arendt‘ y ‘Rupturas por encargo‘. Y aunque cada una difiere de la anterior como el día y la noche, dan la sensación de trabajo serio y muy bien hecho… trabajo serio y bien hecho… bien, parece al final, lo tópicos siguen ahí…

bis zum nächsten Jahr!!!

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