El pastelero y la chica muerta

Decía algún gurú del fútbol que el deporte es un estado de ánimo. Y yo le digo ¿y qué no lo es? La vida, en general, el cómo vivirla, depende en parte del grado de motivación que uno tenga, del nivel de autoestima, de sus ganas… Tengo que reconocer que topé con ‘el pastelero’ en un momento muy feliz. Seguramente en mi mejor momento. Una etapa en la que era posible ver lo mejor de las peores situaciones, lo que multiplicó la impresión que causó en mí ‘Criando Malvas‘ (‘Pushing Daisies).

Era usual acabar cada capítulo con cara de tonto y lanzando un suspiro. Esto va a ser cursi, lo siento, pero lo cierto es que ese amor que muestran los protagonistas es tan puro e ideal que emociona. Algo perfecto aunque el camino hacia ese momento sea, cuanto menos, surrealista y fantástico. De eso va la serie, precisamente. Les cuento, por si no la conocen.

ned-pushingCriando Malvas‘ es una producción pequeña, minimalista, tanto por el tiempo que se mantuvo en antena como por número de capítulos. Cuenta con dos temporadas que suman 22 episodios en los que conocemos a Ned, un chico que posee un don muy peculiar: es capaz de resucitar a los muertos con un simple toque. Sin embargo, la capacidad tiene una limitación, y es que el revivido no debe estar más de un minuto respirando de nuevo. De no cumplir esto, otra persona (o animal o planta, que también funciona con ellos) muere en lugar de la primera. Así que Ned debe calcular muy bien el tiempo para tocarlas de nuevo antes del plazo para volver a matarlas -ya de forma definitiva- y evitar funestas consecuencias sobre otro ‘inocente’.

Ned descubrió esto en su niñez, con su propia madre. La resucitó primero y por la noche, cuando ella le dio su beso de buenas noches, cayó definitivamente. Habían pasado horas entre un momento y otro, así que otra persona falleció en su lugar. Les dejo que descubran ustedes quién fue porque ni siquiera el propio chiquillo ató cabos hasta mucho tiempo después.

El caso es que, ya crecido, el chico monta una pastelería (de ahí lo del ‘pastelero’, como le llama la voz en ‘off’ que conduce los episodios) en recuerdo de su madre. Para cocinar usa fruta podrida ‘devuelta a la vida’ porque sabe mejor. Es una de las aplicaciones que puede agradecer a su don. Otro es el que aprovecha Emerson Cod, un detective privado asociado con Ned que usa el poder de éste para interrogar a personas asesinadas o muertas en extrañas circunstancias, acotar casi sin fallo la resolución de un caso y llevarse una recompensa.

Un día, uno de los cadáveres que Ned tiene delante para que le narre su misteriosa muerte es el de ‘Chuck’, su amor de infancia. Es cuando empiezan los violines y los suspiros, desde la mismísima camilla metálica de una morgue. Un toque a la chica y vuelta a la vida. Una mirada, y la vida entera. La voz que no sale. La risa tonta. El minuto pasa. Ella sigue viva y vivirá. Él quedará condenado a no poder tocarla, aún amándola. ¿Es una suerte encontrar al amor de la vida aún en la muerte si un simple roce lo condena por la eternidad? A la vista del amor que se profesan, la respuesta es clara: sí.

‘Criando Malvas’ apenas duró dos temporadas. Es algo lógico. La producción es muy blandita y más allá de regocijarse en una relación casi perfecta que busca la manera de eludir la muerte, presenta tramas de enredo, humor y drama, sin incidir especialmente en ninguna. Son guiones correctos, sin más, que no llegan a despuntar en ningún ámbito. Y eso da para lo que da: pasar un buen rato entretenido ante la pantalla sin muchas pretensiones y sin pensar demasiado. Pero es una serie de tantas. No sé si la idea podía haber dado para más. No lo creo. Hay que apuntarle el tanto de no haber prolongado más allá de lo necesario la serie, sin tener en cuenta los premios que se llevó en distintos certámenes o el apoyo del público, aunque este fue reduciéndose paulatinamente, acelerando la sentencia. Como un segundo toque de Ned.

Anna Friel, 'Chuck' | Foto: ABC
Anna Friel, ‘Chuck’, la chica muerta | Foto: ABC

Vamos, que ‘Criando Malvas’, como producción televisiva, no va a pasar a la historia. Puede que hasta a mí mismo, que se la estoy recomendando, me suene a chino dentro de un tiempo la historia que cuenta, la acción de cada episodio, etc. Pero créanme si les digo que si la ven estando felices le verán ese algo que a mí me mantuvo pegado a la pantalla, como un loco enamorado, cada tarde que la emitieron. Será la fotografía colorista y saturada, el tono optimista, las siempre-buenas intenciones de los personajes… no sé. Hay algo que enamora y aquí me van a perdonar que señale directamente a Chuck (interpretada por la británica Anna Friel) como uno de los (mayores) motivos de desvelo de este pato. Porque la relación con Ned enamora, pero ella… ella… no cabe mayor perfección. La normalidad excepcional.

Una corrección: no hace falta estar en el mejor momento de una vida para disfrutar de este amor, aunque sea ficticio. Emociona a cualquier hora y haga la temperatura que haga fuera. Te deja con la sonrisa puesta. Ese sentimiento que se ve en la pantalla se transmite de una manera tan palpitante y real que es inevitable soñar con vivir algo igual. Aunque luego la realidad acabe deshaciendo lo que parece aún mejor.

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