Curling: ajedrez sobre hielo (I)

Es de esos deportes que uno bien puede tomarse a broma. Pasa de no existir a descubrirlo haciendo ‘zaping’ cualquier mañana de esas sin un plan. Y por alguna razón, uno se queda hipnotizado ante la pantalla de Eurosport, mientras unas piedras van y vienen buscando una diana pintada en el hielo y unos señores muy serios y concentrados acompañan el movimiento con gritos e incluso barriendo su trayectoria. Lo mínimo que esperamos es enterarnos de qué es lo que estamos viendo.

Pues lo que vemos se llama curling. Se trata de un deporte olímpico nacido en Escocia a comienzos (al menos se tiene constancia de algo parecido) del siglo XVI. A la hora de explicar su mecanismo es difícil no aludir a las semejanzas con otras actividades más usuales por estos pagos porque buena parte del desconocimiento que existe es que es un deporte que se practica en los países del norte de Europa (y Canadá y EEUU, sobre todo), donde el clima, por así decirlo, invita a ello. Así, es recurrente ‘traducirlo’ en nuestro entorno como una especie de petanca o de bolos sobre hielo. Aunque, si uno se para realmente ante la televisión y trata de entender lo que ve, coincidirá con los amantes de este deporte en que se trata más de un ajedrez que de otra cosa: pura estrategia.

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Cesta de Patos ha conocido esta semana a Ángel, un entusiasta de este deporte que pasa por ser uno de los pioneros del país y de la Comunidad de Madrid; sin duda la persona más implicada en el asunto en esta zona. Junto a un grupo de amigos concertamos una cita con él para que nos explicara qué y cómo es este deporte de cara a montarnos un equipillo. La enérgica verborrea de este hombre de mediana edad en lo relativo al tema resulta contagiosa. Es un tipo gracioso, avispado, divertido, de esas personas con las que uno nunca se aburre porque transmite su amor por esta actividad de tal modo que aunque ni siquiera llegamos a pisar el hielo, al final todos nos sentíamos capaces de conquistar un oro olímpico.

En esta primera toma de contacto, Ángel nos contó acerca de la precaria situación federativa de este deporte y sus dificultades para atraer patrocinadores que permitan una competición regular o, al menos, mayores posibilidades para practicar, enganchar a gente, etc. El clásico problema de la pescadilla que se muerde la cola, aumentado por una situación económica general que mantiene secas las subvenciones.

A nosotros nos tiene casi convencidos. Pudimos ver cómo es el calzado profesional, las escobas con las que se barre y, por supuesto, tomar en las manos una de las piedras de las que se usan en los partidos. ¡Y qué piedra! 2o kilos de granito pulido traído especialmente, como todas las de este deporte en el mundo, de una especialísima cantera escocesa que únicamente permite extraer el mineral en cierta época del año. Luego, se corta, se le da forma y se pule. Es tal la precisión del proceso que si quiere buscar excusas por haber jugado mal, tendrá que apuntar hacia otro lado. Ángel nos recomendaba ver el vídeo que sigue para que nos hagamos una idea de lo exigente del proceso.

Sobre el hielo y en la práctica, la cosa es muy simple, a priori. La pista mide poco más de 40 metros. En sus extremos hay dibujadas dos dianas. Los partidos constan de ocho -o diez- mangas en las que cada equipo -formado por cuatro jugadores- tira de forma alterna ocho piedras. El objetivo es colocarse más cerca del centro que los contrarios. De ser así, se consigue tantos puntos como piedras de su color estén más cerca que la primera del rival. En realidad, más difícil de explicar que de comprender, una vez visto.

Lanzar es sencillo pero la dificultad para ponerla donde uno quiere, como se imaginan, es notable. Tirar con precisión la piedra a un punto situado a más de 40 metros requiere mucha práctica. Y más cuando esos señores tan serios que vemos en la televisión son capaces de aplicar unos efectos que parecen increíbles dadas las circunstancias. Ángel nos muestra cómo se aplica el efecto con solo mover la muñeca. Un truco de prestidigitador que nosotros ya soñamos con hacer. Aunque, siendo realistas, bastante tendremos al empezar con pisar el hielo y no rompernos ningún hueso. Sería malo que nuestro primer paso en el curling sea un resbalón cuando ya nos vemos en lo más alto del podio de una Juegos Olímpicos.

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