La sombra en la esquina

El boxeo. El púgil y su entorno. Su entorno. Tópicos. Dinero fácil. Violencia. Desafío. Las miradas que matan antes de que los puños hablen… que Pacquiao es uno de esos luchadores atípicos se ve en su manera de subir al ring, casi siempre sonriente, distraída, saludando al tendido. Da la impresión de no pararse a firmar autógrafos solo porque no podría hacerlo con los guantes. Y es que en torno al filipino hay cosas atípicas. Y una de ellas es su entrenador. Llama la atención que, entre la cohorte filipina de la súperestrella, aparezca este hombrecillo rubio con gafas de pasta y boca a medio abrir.

Roach contempla a su última ‘obra maestra’, Manny Pacquiao

Él se llama Freddie Roach. Cuando era boxeador, fue apodado ‘La cucaracha’. Hoy, sencillamente, es un entrenador de boxeo. Puede que no el mejor pero sí el más conocido, quizá el que más éxitos ha cosechado recientemente con sus ‘chicos’. Además de a Pacquiao, tiene o tuvo a su cargo a Amir Kahn o Julio César Chávez Jr. de entre los más de 25 a los que, según Wikipedia, ha ayudado a alzarse con un título mundial. Las más prestigiosas publicaciones de este deporte le han elegido varias veces como el mejor preparador del orbe e incluso se atrevió a depurar el ‘estilo’ de actores como Mark Wahlberg para la película ‘The Fighter‘ (recomendable) o Shaquille O’Neal para un reality en el que el gigante le daba al boxeo. Ya ven. Son apenas unas notas sobre su vida pero suficientes para saber que Roach es un tipo tan variopinto como carismático en este mundo.

Parte de ese aura de respeto sobre su figura radica en la manera que tiene de enfrentarse al Parkinson que padece. En efecto, una mirada atenta a la esquina donde sigue las evoluciones de su púgil delata los síntomas de la dolencia. No son muy acusados, pero ahí están: temblores, rigidez en el cuello, lentitud de movimientos… su detección precipitó el fin de sus días como boxeador cuando apenas tenía 26 años. Es verdad que hasta ese momento las estadísticas no le señalaban como uno de los grandes pero todo lo mejor que le pudiera quedar quedó inédito.

El boxeo como causa, el boxeo como terapia

Roach se crió en un familia grande, con otros seis hermanos, de los que otros tres se dedicaron a pelear espoleados por su padre, siempre con menos éxito que él. Las imágenes de televisión y las fotos de pequeño le muestran con guantes casi desde que aprende a andar. Los trofeos le acreditan como la gran apuesta de la familia y le ensalzan como una promesa en su estado, Massachusetts. La transición hacia el profesionalismo también sería terreno hollado: en un año pelea diez veces y gana las diez.

Pero la progresión se acaba. Al undécimo combate llega su primera derrota y, aunque su racha de triunfos sigue aumentando (se llega a poner 26-1), el récord comienza a empeorar. Además, pierde en las dos ocasiones que tuvo a tiro un campeonato del mundo. Sin embargo, el golpe que noquearía sus esperanzas estaba aún por llegar. Casi al final de su carrera, Roach deja ver los primeros síntomas de su enfermedad. Su entrenador, el legendario Eddie Futch (entrenó a cuatro de los cinco que vencieron a Ali), le recomendó tirar la toalla. Pero el boxeador aún se sentía vivo y quiso seguir. Lo hizo de la mano de su padre, tal como empezó. Solo las derrotas, cinco en los últimos seis combates, acabarían por convencerle de lo evidente.

Hasta ese momento su vida había sido el boxeo. A partir de entonces lo sería también. Primero a las órdenes de su antiguo entrenador, como asistente. Luego, en solitario, granjeándose una agenda de campeones junto a los que ha alcanzado las más altas cotas. Pacquiao, como obra cumbre. No obstante, más allá del dinero, la gloria y la fama hay otro buen motivo para seguir ahí: su enfermedad.

La cadena HBO, la misma que destila la calidad televisiva que ha llevado a sus pantallas de televisión exquisiteces como ‘The Wire‘, ‘Treme‘ o ‘Los Soprano‘, también suele retransmitir las mejor veladas de boxeo. Qué mejor sitio, por tanto, para contar una buena historia como la de Freddie Roach. El fruto fue ‘On Freddie Roach‘, una serie-reality en seis dosis sobre el entrenador en el que narra su vida y su forma de convivir con el Parkinson. Imposible de encontrar en España, el vídeo que les dejo les puede dar una idea de lo que podrían ver en ella. Les animo a que hagan lo posible por verla incluso si no les gusta el boxeo, por lo que tiene de ejercicio de superación y de ejemplo.

No quiero entrar en los riesgos que comporta el boxeo. No sé si el Parkinson de Freddie Roach, como el de Muhammed Ali, está provocado por años y años de golpes. Para eso hay estudios científicos, como por ejemplo los que han documentado -esta sí- otra dolencia típica: la demencia del boxeador. Parece obvio que darse de puñetazos no es la actividad más saludable del planeta pero en el caso de Roach, sea o no la causa, sí que al menos parece otorgarle un alivio  para mantener a raya la enfermedad. Según los médicos que siguen su caso, las rutinas que lleva a cabo ralentizan la aparición de los síntomas. A ello ayuda igualmente la excelente coordinación y reflejos que ha ido desarrollando con los años sobre el ring y que le han otorgado, por así decirlo, un excelente punto de partida. Todo ello, unido a la medicación que toma, permite que su vida sea más o menos normal.

Respecto a la demencia del boxeador, si me permiten el inciso, les recomendaría que le echaran un vistazo a otra serie, Lights out, en la que un ex campeón del mundo de los pesos pesados se ve obligado a volver a pelear cinco años después de colgar los guantes y cuando ya nota los síntomas de esta enfermedad.

130214_roach01

Como el boxeador de esta serie, Freddie Roach sabe que su pelea no es para ganar, sino para aguantar el máximo de tiempo posible sobre el ring. Que al rival le cueste vencerle. De momento, lo consigue. Boxeando. “I don’t have to but I want to“, viene a decir. Su vida. Claro. Aunque ya haya voces críticas que le auguran un próximo final de su carrera. No será sin luchar, como hasta ahora.

Anuncios

Una respuesta a “La sombra en la esquina

  1. Pingback: Gallos de pelea | Cesta de patos·

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s