Jaipur: mercaderes sin escrúpulos

Sonrisa de comerciante. Cuidado

Sonrisa de comerciante. Cuidado

Codicia y ambición son las bases del progreso de todo buen comerciante que se precie. No se fíen de la sonrisa con la que le ofrecen su mano al saludar porque seguramente se tomen el brazo como prenda. Hacer fortuna y ganarse el favor del Maharajá requiere de cierta falta de ética.

Quien piense lo contrario tendrá perdida la primera partida al Jaipur. Las normas se aprenden en tres minutos pero la mala baba que hay que echarle es algo que no viene en el libreto y que se aprende con la experiencia. A la segunda, la lucha ya es encarnizada y sin escrúpulos.

La mecánica del juego es muy sencilla. Sobre la mesa, comienzan cinco cartas: tres son camellos; las otras dos son aleatorias: o más camellos o de cualquiera de los seis productos. Los dos jugadores también reciben cinco cartas al comienzo (el límite durante la partida es de siete en la mano), que pueden ser de  ambos tipos. Al lado de la mesa aguardan fichas de producto, en distinta cantidad según la variedad y ordenadas de mayor a menor valor. Junto a las mismas, se quedan varias fichas de combo -que bonifican las ventas masivas- y un premio al que al final de la ronda tenga más camellos en su manada. Ahora explicamos.

Los seis productos

Los seis productos: diamantes, oro, plata, seda, especias y pieles

En un turno, o adquires o vendes. Sin más. Vender es lo más sencillo: descartas un número determinado de cartas de producto de la misma clase y obtienes el mismo número de fichas de su tipo (vendes 3 de seda, logras 3 fichas, por ejemplo).

Para hacerse con cartas hay varias maneras, siempre interactuando con la oferta en la mesa:

1) Coges 1 carta y la sustituyes por una del mazo
2) Coges 2 o más cartas de producto y las sustituyes por otras tuyas: de producto que tengas en la mano o de camellos que tengas en la manada
3) Coger todas las cartas de camello y las sustituyes por otras del mazo. Todas son todas. Estas cartas se colocan en un montón especial aparte y no cuentan para el límite en la mano

El desarrollo es rápido y dinámico, aunque eso no debe traducirse en soltar cartas a las primeras de cambio.

La sonrisa del camello

La enigmática sonrisa del camello

El impulso en este juego suele llevar al fracaso. Se prima tener la sangre fría suficiente como para esperar el momento justo y mantener un cierto equilibrio entre lo que se tiene en la mano, los camellos con los que se cuenta y lo que aún puede estar por salir. Vender pronto es básico para los productos menos valiosos, sobre todo, porque el valor de los mismos se reduce rápida y drásticamente. Y por supuesto, tener muy presente que es mejor evitar que el rival sume puntos vendiendo pronto y mal que esperar una jugada mejor posterior que puede no darse.

Cuando se agotan tres fichas de producto o el mazo, finaliza la ronda y se cuentan los puntos (rupias) de cada uno. El que más tenga gana una ficha de triunfo. Ganar dos te otorga la victoria en la partida. Y entonces ya puedes sonreír de forma altiva, con la satisfacción de ser el mejor y de haber pisado al rival…

El juego es para dos personas. Y es ideal. El desarrollo de las partidas es muy rápido y las únicas pegas que se le pueden poner vienen en la importancia de ser el jugador inicial normalmente, el peñazo de contar los puntos al final (¡montoncitos de 10, claro!) y la dependencia de la suerte, aunque ni siquiera aquí flojea de verdad porque aunque puedas eternizarte esperando una carta de algún valioso material, normalmente siempre hay alguna decisión que compense. En definitiva, ‘cositas’ sin importancia, que no molestan a una experiencia lúdica inmersiva (hay que estar concentrado, eso sí) y muy divertida aunque, ya avisamos, es de esos que dejan sobre el ambiente la tensión de los piques más insanos. Una gozada.

 

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2 Respuestas a “Jaipur: mercaderes sin escrúpulos

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